Reflexionando mi pobre vida me di cuenta de algo terriblemente ¡alarmante!.
Adimiro a varios maestros, escritores y amigos pero por alguna patética razón no admiro a ninguna mujer contemporánea, ni maestra, artista, escritora, ni amiga, para colmo no admiro (tal ferreamente como a algunos hombres) ni a mi madre, la amo y eso, pero me cuesta admirarla, en el entendido de que aquellas personas a las que admiras se convierten en ejemplos a seguir en tu vida.

Como un buen ejercicio de vez en cuando es bueno buscar entre nuestras conocidas, mujeres a las que podamos admirar y amar, en mi caso, esta entrada me permitió darme cuenta que sí tengo un par de mujeres que admiro, respeto y quiero mucho, que sin ser tan consciente de ello han guiado mis pasos profesionales y personales con esa luz que irradia su existencia, esa es la importancia de dar crédito.
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